El Árbol y la Cultura Vasca
 
El Árbol en la Mitología Vasca (continuación)

El haya, los robles y los fresnos han dado sombra y protección a ermitas y campas de reunión festiva y romería. En lo que se refiere al fresno, lizar, M. Lekuona recogía la siguiente expresión: Lizarra ez da bedeinkatu behar; berez da bedeinkatua (el fresno no hace falta bendecir; de por sí es bendito).

    

En ocasiones, son los arbustos los que adquieren protagonismo de salvaguarda ante adversidades atmosféricas, como el rayo y sus consecuencias u otras desdichas y adversidades. En este caso, los arbustos se unen a connotaciones de la vida y pasión de Jesucristo. Así los ramos de loro o laurel, ereino, erramu, propios del Domingo de Ramos, como en otros lugares fueran las palmas. Las pequeñas cruces de espino blanco o albar, elorri zuri, arantza zuri, cuyas espinas producen una punción dolorosa, que se asociaba a la ocasionada por la corona de espinas. Dichas pequeñas cruces, clavadas a puertas o en el suelo de los campos, debían proporcionar la protección necesaria frente a calamidades meteóricas. Los árboles de mayo, de la Ascensión y de San Juan son otras tantas representaciones simbólicas y protectoras. Normalmente se empleaban hayas o fresnos esbeltos, cogidos en bosques densos.

El fuego del hogar tenía frecuentemente carácter guardián ante maleficios y adversidades, como en otros lugares de Europa; así la tradición de xubilaro en la Baja Navarra. Olentzaro, Olentzero es otra representación, personificada en un carbonero báquico, que se ha sublimado recientemente en un Santa Claus o Papa Noël a la vasca, dadivoso y repartidor de regalos navideños.

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