El Árbol y la Cultura Vasca |
Un paseo por la diversidad del Bosque |
Mario Sáenz de Buruaga |
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Una noche silenciosa, con luz de luna, y la atención de unos oídos que quieren escuchar y unos ojos que desean ver, sorprenderá a quien no pudiendo imaginar la vida que existe en el suelo del bosque al pasear de día, perciba la que realmente alberga cuando son las sombras las que dominan el ambiente. Atención! El tapiz de hojas se mueve por todas partes, y no es el viento el responsable; musarañas, topos, topillos y ratones, escudriñan la oscuridad en busca de semillas, insectos, o cualquier bocado que les permita saciarse hasta la próxima noche. No pueden descuidarse, el cárabo está posado en lo alto, vigilando, hasta decidir con quién intentar el agarre. |
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Pero no es sólo abajo donde hay movimiento; en viajes de ida y vuelta entre los troncos y el suelo, lirones grises y caretos se afanan en la recolección para preparar el almacén en una oquedad del roble donde pasarán el invierno. La ardilla tampoco descansa en la construcción del enrevesado nido. Pasos sólidos e inaudibles, pieles brillantes y dentaduras de mordisco letal, son la credencial más temida que presentan los carnívoros del bosque a los que juegan el papel de presas. Ginetas, martas, garduñas y gatos monteses patrullan entre árboles con pupilas de predador; mirada fija, pasos almohadillados y un certero salto hacia el infeliz, prologan lo que será el último chillido del roedor. Mientras, también el zorro y el tejón salen de sus madrigueras para buscar y llevar pitanza a sus pequeños. La luz asoma en el bosque y sabe el corzo que es el momento de pacer el pasto que lo rodea. El ciervo frota su testuz contra la vara del serbal, preparándose para tiempo de amores; y el lobo, al amanecer y quizá sabedor del conflicto que su existencia genera, aúlla en el cerro antes de esconderse en el espesor. El sol se duerme de nuevo, y es, esta vez, la piara de jabalíes, la que hollará prados, cultivos y huertas. Y así uno y otro día, con el bosque como marco que todo lo acoge. |
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La montanera de otoño, de bellotas y hayucos, es esperada con ansia por todos los inquilinos que ven en robles, encinas y hayas el aporte de grasa suficiente como para sobrevivir a la nieve y el frío que aguardan. Otros frutos que surgen en el bosque o alrededor de él, avellanas, mostajos, moras, arándanos, frambuesas, endrinos..., son igualmente un importante soporte nutritivo para tanta biodiversidad de pelo y pluma. |
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